La Oportunidad de España a partir de la crisis en Chile: COP25

La crisis climática está atravesando todos los espacios públicos y privados, promoviéndose regulaciones, iniciativas y desafíos socioeconómicos. La principal institución global que aborda el tema es la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y dentro de ella, la Conferencia de la Partes (COPs) es su órgano supremo. Esta nueva COP25 es la última frente a la revisión final que se hará el 2020 sobre la segunda fase del protocolo de Kioto y los Acuerdos de Paris. Se realizará en España.

Por: Miguel Castañeda Loayza

La crisis social y política que vive Chile le ha dado el gobierno español la oportunidad para desarrollar la COP25 en este importante país europeo. Bajo la aprobación del propio gobierno chileno (que mantiene la presidencia) y la Organización de Naciones Unidas (como organización líder), España tiene un momento histórico frente a la gestión del cambio climático.

Esta reunión anual que tuvo su primera versión en Berlín, allá por 1995, cuando la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) creara y designara a la Conferencia de las Partes (COP) como el órgano supremo de esta Convención, aborda los asuntos del clima como único gran tema de agenda.

 ¿Qué compromisos y responsabilidades trae esta COP25? ¿Cuál es la responsabilidad del gobierno anfitrión, más allá de prestar las facilidades logísticas y de infraestructura para su desarrollo efectivo? ¿Qué implicancias sociales y políticas trae consigo esta nueva COP, a propósito de la situación climática del planeta?

De las 24 reuniones realizadas por la CMNUUC, en diversos países, las más importantes, por su carácter vinculante y compromisos de Estado, han sido las celebradas en 1997 en Kioto (COP3) y en el 2015 en Paris (COP21). La actual (COP25), como las otras reuniones anteriores, exceptuando las dos mencionadas, persiguen un fin de seguimiento de compromisos, comunicación, planes de trabajo futuro y, eventualmente, algunos acuerdos extraordinarios como el 2012 en Doha para la COP18, donde se amplió el periodo del protocolo Kioto hasta el 2020.

Así es, como se recordará, el Protocolo de Kioto, que compromete a los Estados miembros a reducir, por lo menos el 5% sus emisiones, en promedio, teniendo como referencia los niveles de emisiones de 1990, ha tenido dos fases históricas. La primera fase entre el 2008 y 2012, suscrito en Kioto; y el segundo periodo del 2013 al 2020, suscrito en Doha, donde se mantienen los compromisos y se crean nuevos sistemas de ayuda y control al mismo tiempo.

Por ello, la importancia central de esta nueva COP25 radica en ser la última reunión previa al 2020, fecha en la cual se revisarán los resultados de los Planes de Acción Climática de cada una de las partes. Para ello se diseñará los procedimientos y acuerdos previos que conllevarán a la verificación de estos avances. Al mismo tiempo se empezará a discutir qué se debe hacer de aquí en adelante, cuando la segunda fase del protocolo de Kioto llegue a su fin.

La oportunidad

España tiene una gran oportunidad para convertirse en la sede de la COP que diseñó una nueva historia y configuró la nueva hoja de ruta para la mejor gestión del cambio climático. La reunión de la COP25 tiene la tarea de terminar el trabajo sobre los asuntos de los Acuerdos de París, incluidos los que regirán los mercados de carbono, uno de los asuntos más importantes, pero a su vez más complejos de llegar a acuerdos. Ello está deteniendo un avance más rápido que muchos quisiéramos ver. Sobre esta temática se avanzó poco en las anteriores conferencias de Bonn (COP23) y Katowice (COP24). Se espera que en España se culmine la tarea.

Ciertamente se seguirá poniendo el foco en diversos temas vinculados, no solo en el más espinoso y delicado que es la regulación de los mercados de carbono, sino también aquellos que están relacionados con el rol institucional de los gobiernos nacionales y locales; así como los aspectos educativos de la academia a todo nivel. Hay seis áreas fundamentales, que son interdependientes y que cada gobierno ya viene trabajando a profundidad. Estas áreas son:

La transición a energías renovables

La financiación para la acción climática y los impuestos al carbono

La reducción de las emisiones de la industria

El uso de la naturaleza como solución

La consolidación de ciudades sostenibles y medidas locales

La resiliencia frente al cambio climático.

¿Cuánto de ello está haciendo España y sus Comunidades Autónomas? ¿Cómo conversan sus regulaciones locales entre sí frente a los acuerdos europeos y los planes nacionales? ¿Están todas sus autoridades en el mismo camino? ¿La Nueva Ley del Clima aborda todas estas temáticas a profundidad y detalle? La dirección de este evento global debe invitarnos a revisar esta coherencia entre el discurso y la práctica.

Los Acuerdos de París

Para “reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza”, según reza el objetivo fundamental de los Acuerdos de París, se determinaron tres acciones concretas:

A) Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático

b) Aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y promover la resiliencia al clima y un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero, de un modo que no comprometa la producción de alimentos.

c) Elevar las corrientes financieras a un nivel compatible con una trayectoria que conduzca a un desarrollo resiliente al clima y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero.

¿Cómo estamos en estas acciones y metas? ¿Cuánto se ha logrado y qué se tiene pendiente para lograr? ¿Están siendo suficientes los mecanismos regulatorios o necesitamos “ajustar más las perillas”?

Los implicancias sociales y políticas

Los gobiernos ya no pueden escapar a estas responsabilidades mayores. Se debe dar batalla a los negacionismos frente a las evidencias científicas. Lamentablemente, no todos los miembros han cumplido a cabalidad con sus cuotas. Incluso algunos países, como Estados Unidos, ha huido a sus compromisos primigenios, en algunas oportunidades, y en otras ha desconocido los acuerdos. Sin embargo, el asunto del clima es un clamor global que impacta a todos los Estados. ¿Cuál es el tipo de sanción o censura que se debe realizar a este tipo de gobiernos que no cumplen sus compromisos y escapan a responsabilidades de impacto global?

El problema, como manifiestan algunos analistas, es saber si llegamos a tiempo. Hay quienes tienen serias dudas. Por ejemplo, para Ramón Tamames, “no superar los dos grados de la era preindustrial como medida principal de todo el Acuerdo de París de 2015 es una entelequia. Lo que está claro es que seguimos acumulando gases de efecto invernadero y que los síntomas son fatídicos en el Ártico y en la Antártida, pero también en los glaciares y en las sequías, etc. El problema está en si llegamos a tiempo”, sentencia.

A España le ha llegado una gran oportunidad y una nueva responsabilidad para hacer que lleguemos a tiempo. Ser anfitrión de esta COP25 no solo la obliga a brindar todas las facilidades logísticas que el evento merece, sino, fundamentalmente, la convoca a ser una gestora en la construcción de una nueva hoja de ruta hacia la sostenibilidad del planeta.

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