De la Luna a Marte: ingenieros espaciales de China se enfrentan a nuevos desafíos

Xinhua- Sun Zezhou, diseñador jefe de la sonda lunar Chang’e-4 de China, habla rápido pero con claridad.

«Cada vez veo la Luna recuerdo que las sondas lunares chinas han dejado huellas permanentes sobre ella, y que la Chang’e-4 fue la primera del mundo en realizar un descenso suave en la cara oculta. Eso me hace sentir muy orgulloso de ser miembro de este programa», afirma Sun.

Los ingenieros chinos dieron sus primeros pasos en el marco de la misión de la sonda lunar Chang’e-1 en la década de 1990, cuando Sun se unió al equipo. En aquel entonces, China sólo contaba con un sistema de monitoreo para los satélites cercanos a la Tierra, y la comunicación con la Luna, a una distancia de 380.000 kilómetros, era todavía un gran reto.

«Cuando escuché por primera vez a los viejos expertos discutiendo sobre la exploración lunar, en 1996, sentí que la Luna estaba demasiado lejos», recuerda Sun, experto en monitoreo y comunicaciones.

Pero ahora, al mirar al cielo, la mirada de Sun no se queda en la Luna sino que apunta mucho más allá, al Planeta Rojo.

«Para nosotros, 380.000 kilómetros ya no suponen una distancia larga, pero ahora tenemos un nuevo dolor de cabeza: 400 millones de kilómetros», bromea Sun, cuyo equipo está trabajando en el desarrollo de una sonda a Marte.

China planea lanzar el artefacto en 2020, y aspira a completar la órbita, el descenso y un recorrido sobre la superficie en una sola misión, lo que supondría un logro sin precedentes.

Entre los desafíos que representa esta nueva meta se cuentan el monitoreo y el control a larga distancia, así como la comunicación entre la Tierra y Marte. Además, el aterrizaje será más difícil.

Desde la década de 1960 se han llevado a cabo más de 40 misiones a Marte, y solo cerca de la mitad han resultado exitosas.

Son muchos los factores que son desconocidos o sobre los cuales los ingenieros espaciales chinos aún no tienen suficiente experiencia, y entre ellos el que más preocupa a Sun, además de la distancia, es la atmósfera marciana. No obstante, el equipo ya sabe que las dificultades pueden ser superadas.

«Es la presión lo que impulsa el progreso tecnológico», asevera.

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